“¿Por qué las relaciones homosexuales duran tan poquito?” Es la interrogante que me encuentro en una publicación de Facebook. Entro a los comentarios y las respuestas me causan angustia: “Porque no existen”, “por preguntar el rol en la primera cita”, “porque creen que en Grindr encuentran el amor de su vida”, “porque Dios no respalda esas relaciones”. Y lo que más me preocupa, es que todas esas supuestas razones alguna vez han rondado por mi cabeza, dejándome desesperanzado.
Frecuentemente he visto a mis amigos gais hablar sobre su poca fe de encontrar una persona que les brinde una relación estable y “duradera”. ¿Acaso se trata de un milagro que solo a muy pocos les llega?
La experiencia homosexual está atravesada por una desesperanza que con los años crece cada vez más. Se ha normalizado el hecho de que nadie busca comprometerse con la creación de un vínculo y solo se prioriza el placer individual. Me parece que hay un poco de razón en ello; pero el problema es que poco se cuestiona esta idea.
No nos preguntamos la raíz de ese desaliento e individualismo, ¿quién nos los impuso?, ¿es culpa de las relaciones abiertas o el deseo sexual desenfrenado?, ¿de las apps de citas que solo nos muestran como mercancía fácil de desechar? Opino que todas estos tópicos forman un solo cuerpo que ayuda a la creación de esta desesperanza. Pero hay algo muy importante que debemos tener en la mira: la influencia que tienen sobre nosotros los modelos de vida que se nos imponen desde muy pequeños.
Paco Vidarte, en su libro Ética marica, explica que todo lo que sentimos, hacemos y pensamos, lo medimos a la luz de planteamientos heteronormativos y que proceden de ambientes excluyentes como la iglesia, la política y la cultura. La imposición de estos modelos ha hecho que no busquemos nuevos senderos para expresar nuestra forma de ser y amar sin ninguna tipo de amenaza.
El hecho de no poder adaptar este modelo de pareja cisheterosexual a nuestras vidas, debido a cuestiones sociales y biológicas, nos ha desesperanzado y nos hemos rendido en la búsqueda del amor, optando por vínculos pasajeros y sin una carga emocional que les dé estabilidad. Inconscientemente esto ha propagado una sola forma de amar. Como efecto de esta desesperanza, la filósofa bell hooks1 comenta en Todo sobre el amor que “los jóvenes de nuestra época se muestran escépticos ante el amor, porque la inmensa mayoría tiene la sensación de que es imposible encontrarlo”.
Y aquí una pregunta clave: cuando se habla de la comunidad LGBTTTIQ+ ¿en verdad se habla de un colectivo? ¿Nos vemos como un cuerpo que coexiste gracias a la presencia de todxs? Yo opino que no. Angela Davis en el feminismo explica que debe ser un lugar donde se puedan pensar en conjunto cosas que se ofrecen por separado. Y esto es algo que esta supuesta “comunidad” casi no ha puesto en práctica. No nos preguntamos: ¿Qué es lo que no nos está sirviendo? Y la razón es porque creemos que se trata de algo individual. Y no es así. Depende de cómo gestionamos este tema cuando estamos en conjunto.
Olvidamos que podemos cuestionar e intentar cambiar las estructuras que nos rigen y nos han hecho vivir en un piloto automático. Podemos empezar a construir, como dice Vidarte, una ética marica la cual piense en todxs y logre desprendernos esta idea de que nuestra existencia debe estar regida por el dolor y la falta de afecto.
Podemos empezar creando nuevas definiciones de amor, eliminando cualquier carácter excluyente. Hooks tiene una, la cual engloba, desde mi punto de vista, todo lo necesario: “Cuando amamos, expresamos de manera franca y clara cuidado, afecto, responsabilidad, respeto, compromiso y confianza”. Este tipo de definiciones hace del amor una acción más diversa y menos limitada.
Hay que trabajar la colectividad y buscar nuevas manifestaciones de amor. Fortalezcamos las redes de apoyo y evitemos ser nosotrxs mismxs quienes nos pongamos el pie. Cuando veamos la posibilidad del amor como un logro colectivo, dejaremos de sentir envidia al ver la manifestación de algo tan puro como es el amor (queer).
Si juntxs transmitimos que el amor en verdad existe y no es cuestión de suerte, será más fácil derribar el muro de la desesperanza, que nos priva del gran rayo de luz que es amar.
1Gloria Jean Watkins eligió ese seudónimo en honor a su bisabuela, Bell Blair Hooks. Escribió su nombre en minúsculas para centrar la atención en sus ideas y el mensaje, no en su persona.

Que bonito texto, magnífica muy bien los problemas con la vida actual, estamos a la orden del placer instantáneo que eso nos está llevando a todo el tiempo buscar la dopamina.
Muchas gracias por tu lectura <3