Drag Race México: reflexión sobre el fenómeno drag queen

Cristián Peralta Transformista y Padre de Familia. Esa es la broma que recorrió internet por varias semanas mientras se transmitía la primera temporada del programa de televisión Drag Race México, un concurso de transformistas en televisión por cable y que fue visto por todo el mundo a través del streaming.

Peralta, 35 años, oriundo de Guadalajara, era, en efecto, eso: padre de una familia ‘tradicional’ vamos a decir: papá –él–, mamá –su esposa, a la que conoció mientras una noche en el bar de su ciudad trabajaba de Alejandra Guzmán– y una hija.

¿Puede un transformista ser padre de familia? ¿puede una persona drag ser padre así nomás? ahora sueno como si el que hablara fuera mi abuelo, criado en un mundo rural de los años 20 en Sudamérica. Pero lo digo yo, que vivo bien diferente a mi abuelo. Esas preguntas absurdas, que no tienen respuesta clara ni clarividente, deben estar fuera. Deben. Pero no están.

Más allá de mis preguntas, los prejuicios dañan y matan. Según el informe de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) de México, en 2020 se registraron 135 homicidios de personas LGBT+ en el país. No se proporciona un desglose específico para personas transformistas o drag queens, pero estos grupos enfrentan un riesgo significativo de violencia física, verbal y psicológica, por el solo hecho de salir cada noche reinventadas en una reina de la canción.

Me he detenido a ver en la Zona Rosa de la Ciudad de México a transformistas en tacones eternos caminando como si no hubiese un mañana. He visto subir al escenario a amigas del ambiente drag cuya mirada muestra como si en el minuto que comienza a sonar la música y ellas cantan sincronizando sus labios con la letra de la canción, fuese el primer minuto de una nueva vida.

Llevo varios años viendo los programas de la franquicia Drag Race que salió al aire por primera vez el 2 de febrero de 2009 en Estados Unidos, de la mano de RuPaul Andre Charles, aunque yo lo vi diez años después. Gracias, pandemia por favor concedido.

En la franquicia mexicana del programa –que, a todo esto, fue grabada en Colombia– se recalca la identidad mexicana. Puede que esto sea un lugar común para muchos, pero para un extranjero que viene del sur del continente, esto es algo importante. Soy latino, chileno, y reconozco y valoro mis tradiciones y costumbres, más si son usadas por travestis, por jotos y todos aquellos que estamos fuera de la norma. Drag Race México fue más allá.

Lo que hacía Matraka, 25 años, Guanajuato, era arte. Sublime y majestuoso arte. Cada vestuario, cada maquillaje, cada interpretación, abrazaba más y más una rica cultura de lo femenino en el sentimiento y ser mexicano, que atrapaba y daban ganas de más. Mírela en Google. Es deslumbrante lo que logra a nivel estético y conceptual.

Arte. Eso es lo que hacen en su rostro, su cuerpo, y muchas veces con trucos en los genitales para lograr el resultado ideal. Y todo por televisión y con orgullo. ¿Un avance, no?

Es importante destacar que este programa, traído –oh sorpresa– por una empresa de Estados Unidos, no es el primero en su tipo en México. Antes estuvo, y está, La más draga, una producción local –esta vez sí grabado en México– y que ha lanzado al estrellato a decenas de concursantes. Más modesto en su presupuesto, pero no así en la calidad de sus participantes. O también otros exponentes del formato como Toma mi dinerita. Ambos disponibles en Youtube, dense una vuelta.

Hay varios pasajes desgarradores y que muestran a sangre fría el ser travesti, drag, transformista en una Latinoamérica corroída por el machismo y la violencia como forma de expresión aceptada y no siempre condenada por la justicia.

En uno de los capítulos, el octavo, hablan de la importancia de las mujeres en la vida de las concursantes. Una, Lady Kero, 34 años, Oaxaca, compungida, comienza a hablar de lo importante que fueron sus amigas en las horas más aciagas en la escuela, cuando el matonaje de hombres en desarrollo no la dejaban en paz durante los recreos.

Eso, que hoy se sobreanaliza como bullying, en la población LBGTI+ ha calado hondo y doloroso. Ser gay, transexual, en la adolescencia y con la violencia e indiferencia del camino entre un niño y un hombre, es cruel. Y muchas veces termina mal. Muy mal. 45% de los jóvenes homosexuales y transgénero intenta suicidarse en algún momento de sus vidas, según Susanna Taddei, vocera de Equality Florida.

En el programa, Lady Kero relata como “la hora del recreo eran las peores de las clases”, y sus compañeras asienten, surge lo que de verdad quería contar. A los 10 años, y como era el niño mayor de la familia, lo enviaron a vivir con una abuela viuda. A esa edad sufrió violencia sexual –’que uno piensa que está cerrada, pero la herida sangra’, dice en la pantalla la participante– y Cristián Peralta le acompaña y le dice que él vivió lo mismo.

La escena es desgarradora, y más allá del hecho mismo de la violación que de por sí desarma a cualquiera, por la vulnerabilidad de nuestras poblaciones. Busqué, pero no logré dar con cifras concretas de violencia sexual a la población transformista.

Otras cifras: en México, el 2020, al menos 79 personas LGBTI+ fueron asesinadas. 6.5 víctimas por mes. No hay desglose de cuántas travestis o transformistas murieron, porque las cifras las incluyen en la población transexual, pero sí se sabe que ese segmento representó el 54,5% del total de las muertes violentas de la población LGBTI+. Por distribución geográfica, Veracruz encabeza la lista como la entidad con el mayor número de homicidios, seguida por Chihuahua*.

“Vino una violencia sexual muy marcada y fue un momento de la vida muy dolorosa. No lo sabe mi familia, porque sentí que los iba a dañar con mi dolor”, dice, mirando a la cámara, Lady Kero en Drag Race. Duele oírlo.

Visibilizar eso, quitar lo higiénico de la televisión, lo morboso de los reality show comerciales, significa un aporte necesario en la visibilización del fenómeno drag.

Ya en la final del programa que se emitió el jueves 7 de septiembre, Cristián Peralta dice a voz en cuello, otra frase célebre que da cuenta de la relevancia de decir ‘yo existo’; algo parecido a una arenga y que suena como así: nos merecemos esto, porque hemos estado partiéndonos las patas en antros. Lo que pedimos es trabajo.

Nada más. Ni nada menos. Trabajo.

Quizá fui solo yo, pero en este programa vi más que tacones y lentejuelas. Vi un grito que clamaba dignidad por las drags, travestis, transformistas, las reinas de la noche más oscura. Más respeto cuando las veas en tu antro favorito. Ya sabes.

*Las cifras son del estudio “LA OTRA PANDEMIA. Muertes violentas LGBTI+ en México, 2020”. (https://letraese.org.mx/wp-content/uploads/2021/06/Informe_Cri%CC%81menes_LGBTI-2020.pdf)

Fotografía de portada: Paramount +

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