La paradoja de la etiqueta: ¿necesaria una literatura LGBTIQ?

Un concepto controvertido. La polémica que parece pegada a la etiqueta "literatura LGBTIQ" ha sido, es y (probablemente) será tema de conversación y debate. A lo largo de 27 episodios, Luis Romani abrió las puertas de Preciosos Bastardos, el podcast que dirige desde México, a otros tantos escritores gays. En esas conversaciones encontró 82 hebras que desovillar en torno a la ¿dichosa? etiqueta. Abrimos hilo.

La literatura gay existe, pero no como género: es una definición.

Pablo Simonetti

3 años antes de nuestra entrevista.

El año pasado cuando inicié la temporada de Preciosos Bastardos podcast dedicada a la literatura gay, tenía muy claro qué era lo que buscaba. Una respuesta que pudiera darse, en definitiva. Que demostrara la prevalencia de ese mote o, en su caso, refutar la existencia de un título innecesario. Lo sé. Pedía demasiado.

Me interesaba conocer posturas específicas que solo autores de mayor edad podrían brindarme, en las que sus respuestas fueran imparciales y, sobre todo, sinceras. Por eso omití el conversar con autores más jóvenes, intuía que las respuestas de escritores cercanos a mi generación estarían censuradas por ellos mismos; acompañadas de ese temor millenial que lleva a querer estar bien con todo el mundo. Respuestas esperables, respuestas acordes a estos tiempos; ajenas a la literatura misma y asociadas más a la cultura y el contexto actual. Pero solo eso, superficie.

La literatura nace en la maldad; en las pasiones fuertes, descarriadas. La fantasía es capaz de llevar a cabo los pensamientos más perversos. Y aquí entro en un terreno pantanoso, pues sé bien que puede alterar a varios, pero con esto no digo que toda literatura deba ser oscura. Aunque la verdad es que se origina en una cuenta pendiente y una obsesión que produce insomnio. La literatura, digámoslo mejor, es terreno de todo lo posible. Sitio ecuánime, limbo.

“Lo personal es literario” es el lema de mi programa y ahí entraba, nuevamente, a la contradicción. La afirmación obvia. La paradoja de conseguir respuestas solo del área de la literatura, pero llenas de idiosincrasia y la postura que el propio autor se ha formado a lo largo de los años. Una etiqueta de “literatura LGBTIQ” es más que un concepto netamente literario: es un problema.

Hay muchas formas de abordar dicha cuestión. Aquí están las 82 polémicas que fui encontrando, desarrollando y analizando a lo largo de 27 episodios. Ojalá algún lector encuentre la indicada.

  1. De entrada, el término “etiqueta” posee una connotación negativa, un hierro para marcar el ganado. Nadie quiere estar etiquetado en nada.
  2. Ningún autor se asimila como creador de literatura LGBTIQ, esa etiqueta se la da un lector, un crítico, un estudioso, la editorial o la librería.
  3. “Literatura LGBTIQ” es un concepto editorial, para clasificar títulos.
  4. “Literatura LGBTIQ” es un concepto del marketing, para venderle a cierto sector.
  5. “Literatura LGBTIQ” es un concepto para referirse a cierta literatura de ciencias sociales.
  6. Si la literatura LGBTIQ existe, el hecho de estar etiquetada sería contraproducente; pues uno de los postulados de lo LGBTIQ es apelar un mundo sin etiquetas.
  7. Antes que ser LGBTIQ debe ser literatura. Lo que importa es la calidad.
  8. La literatura gay ha sido tratada como literatura obscena y, por ello, nadie quiere la etiqueta.
  9. La literatura gay es tratada como literatura adolescente o de bajo nivel para lectores jóvenes y novatos, y por eso nadie quiere la etiqueta.
  10. La literatura gay es una literatura idealizada. Puros clichés.
  11. La literatura gay es una literatura cosificada y trágica.
  12. Todo autor gay siempre hará literatura gay.
  13. No todo escritor gay hace literatura gay; muchos escritores lo son y no hablan de ello.
  14. Nadie quiere ser leído solo por ser un escritor gay, sino por ser un escritor.
  15. No toda literatura gay escrita por un escritor gay llega a ser verdadera literatura gay.
  16. La literatura gay hecha por mujeres u hombres heterosexuales no podría ser literatura gay, sino “literatura de temática gay” porque los personajes están vistos desde afuera.
  17. Separar la obra del autor es fundamental. Parece a que la literatura LGBTIQ le interesa no separar la obra del que la escribió.
  18. La literatura gay es aquella que trata sobre la vida de un personaje gay y sus obstáculos.
  19. Pero puede tratar de cualquier cosa mientras el protagonista sea gay, y seguirá siendo literatura gay.
  20. Los libros gays solo serán leídos por lectores gays.
  21. Lo LGBTIQ como etiqueta debe quedarse solamente en ámbitos políticos o sociales, no artísticos ni creativos.
  22. La etiqueta puede servir como faro para ciertos lectores interesados en el tema.
  23. Es bueno saber lo que uno va a leer, lo que las librerías le están ofertando.
  24. Todo lo LGBTIQ está presentado en la literatura como la “buena onda”, lo “positivo” y eso afecta; ahora los personajes LGBTIQ carecen de complejidad más que las buenas intenciones.
  25. Es presentado lo positivo, porque siempre ha sido vejado, pero ¿de quién hablamos? ¿de la literatura o de la comunidad LGBTIQ?
  26. La literatura gay es solo romántica y carece de sorpresas.
  27. La literatura gay solo habla de chicos saliendo del clóset.
  28. No se considera como literatura gay cuando el tema es tratado con naturalidad sin auto-discriminación, o sea, cuando no es el centro de la historia.
  29. La literatura LGBTIQ hace que el contexto esté antes que el texto.
  30. La literatura gay hace que las otras masculinidades no se tomen en cuenta. Lo que no es heterosexual ya es gay, y no siempre es así.
  31. Hay estéticas de la narrativa LGBTIQ que siguen siendo muy (hetero) normativas.
  32. Lo queer y lo subversivo deben estar tanto en el fondo como en la forma.
  33. Lo gay tiene que ser feliz, no puede ser literatura gay si hay un final trágico.
  34. Lo gay tiene un componente de clase y privilegio.
  35. El término es extranjero, no se puede hablar de una literatura LGBTIQ o gay en español, ya que para empezar está colonizada por una palabra yanqui.
  36. Lo gay y lo LGBTIQ no son lo mismo. ¿Por qué siempre se habla de lo gay? ¿qué pasa con el resto de las siglas?
  37. Si hablas de lo gay, debes hablar de lo LBTIQ. Hay que ser inclusivos.
  38. No hablar de todo el cosmos LGBTIQ no significa que estás excluyendo.
  39. No es una historia de amor gay, es una historia de amor y punto.
  40. Si los hombres gays han podido leer historias de amor heterosexual y sentirse identificados, los hombres heterosexuales también pueden leer una novela gay de amor y sentirse identificados.
  41. Si la etiqueta te es indiferente, entonces no hay que huir de ella. Huir de la etiqueta es afirmar que sigue siendo un problema el ser LGBTIQ.
  42. Los gays tenemos el prejuicio de que cualquier cosa que hagamos tendrá el adjetivo “gay” y sabemos lo que eso significa.
  43. Creerán que solo hacemos libros gays y no nos tomarán en serio hasta cuando hagamos “verdadera literatura”.
  44. Si escribimos historias de alegría siendo gays, no lo verán como bueno. Lo tratarán de simple pornografía y de cliché.
  45. La alta literatura gay es tragedia en todo su esplendor: “¡qué valiente! el autor que escribió una novela sobre cómo sobrevivió en la cárcel y fue abusado y violado y golpeado y marginado y en soledad murió de sida y lo cuenta todo en esta autobiografía póstuma donde nos muestra lo grande y doloroso que es ser un escritor homosexual. A diferencia de ese otro escritor gay que está vivo, tiene familia, una pareja y escribe sobre sus relaciones amorosas y encuentros carnales y tiene una historia feliz. Ese no es un escritor, solo un maricón que habla desde su privilegio”.
  46. Sería pésima la literatura si se tratara de poner ejemplos o de poner lo mejor de la comunidad gay o lo más digno, lo más moral, o más fehaciente de los heterosexuales con su moralidad.
  47. Los escritores no son responsables de establecer morales.
  48. Los escritores gays tienen derecho a no ser sinceros, a fallar y a no ser ejemplares.
  49. Los escritores tienen derecho a no hacer activismo.
  50. La literatura LGBTIQ no es sinónimo de activismo LGBTIQ.
  51. ¿De verdad es necesario hacer un podcast de literatura gay con escritores gays? ¿por qué no solo de escritores? ¿por qué no hay escritoras? ellas también escriben cosas gays.
  52. Uno escribe desde lo que es, desde su condición de género, raza, cultura, clase, incluso sexualidad.
  53. Uno siempre escribe para sí mismo, para nadie más.
  54. Uno escribe lo que le sale.
  55. ¿La literatura gay siempre es sexual?
  56. Sí hay un factor erótico importante porque es precisamente la sexualidad la que ha ocasionado el veto.
  57. Importa el sexo, no la identidad.
  58. Importan los personajes, no la identidad.
  59. La identidad no lo es todo.
  60. La identidad es lo único que nos hace personas LGBTIQ.
  61. Si siempre posee un componente sexual ¿qué hay de malo en ello?
  62. No te molesta lo sexual, sino la perspectiva que tienen los heteros de ello.
  63. Nuevamente, no nos molesta la etiqueta sino la definición social que sabemos tiene.
  64. ¿Es necesario que exista una categoría aparte? como si la identidad gay fuera diferente ¿no todos somos iguales?
  65. Acuérdate de que hablamos de literatura. No de la población.
  66. Lo gay sí se escribe diferente. Y eso solo lo percibe un lector gay.
  67. Los gays solo leen libros gays: no es verdad.
  68. Pero sí es verdad que quien hace la crítica y la teoría de la literatura gay son solo investigadores gays, cronistas gays, ensayistas e historiadores gays. A nadie más le importa.
  69. El principio del placer prevalece ante cualquier etiqueta de LGBTIQ, eso se hace polvo cuando el placer sale a la luz.
  70. El principio del placer es el que rige.
  71. Uno no es su identidad, sino su deleite.
  72. ¿Ponerse serios para narrar lo gay? no tiene ningún sentido.
  73. Los personajes tienen derecho a vivir con alegría, y eso no los convierte en frívolos.
  74. Lo LGBTIQ literario siempre peca de caer en el victimismo y la militancia.
  75. Las historias graciosas o ridículas siguen siendo actos de valentía.
  76. Valiente es una persona que es capaz de expresarse con las armas propias de su manera de ser, de sentir y de relacionarse con sus amigos; pero, sobre todo, valiente es aquel que sigue siendo como realmente es aun frente a sus enemigos.
  77. No sé si la etiqueta sea fundamental en estos tiempos, pero necesaria en algunos contextos, sí. La literatura juega un rol importante en el proceso de construcción identitario de sus lectores. Para algunos disidentes, las narraciones de identidad posibilitan la vinculación cultural y la posibilidad de concebir un nuevo imaginario sobre el colectivo.
  78. No odiamos la categoría de literatura gay, no odiamos la etiqueta. Pero nos molesta quienes hablan de ello porque parece que quieren modificar el estado de las cosas, repetir una lucha terminada y que nos recuerda la mentira.
  79. No queremos una literatura gay porque odiamos el tener que cargar nuevamente con el lastre que conlleva su significado. Un significado que no se lo dio la literatura.
  80. La literatura gay no es un género, es una definición. Y está en nosotros, cambiar los prejuicios que tenemos sobre la definición.
  81. La literatura LGBTIQ existe. Lo personal es literario.
  82. Pero lo injusto no es su significado, sino aquello que las personas cargamos sobre ese significado.

¡Caray, todavía hay mucho por conversar!

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