Para Manuel Puig todo tipo de texto podía convertirse en la estructura de una novela. Los periódicos, la correspondencia, el guion cinematográfico, las recetas de cocina y, sobre todo, el cotilleo, son la materia prima de la literatura. Esto último Alberto Fuguet lo sabe muy bien.
Después de ocho años de ausencia literaria, el escritor chileno regresa con «Ciertos chicos» (Tusquets, 2024), una historia de afectos sobre jóvenes díscolos y su pérdida de la discreción, la búsqueda por conectar y el espectro de un régimen que marcó las adolescencias. Alberto Fuguet teje la novela a través de sus obsesiones por la cultura pop, la cultura under, su melomanía, sus lenguajes cruzados: el español y el inglés, el guion y los soundtracks, el teatro y el periodismo, el mundo analógico y el digital. El Chile de los años 80.
¿Hay historias de amor entre chicos con una dictadura de fondo? ¿Qué dura más? ¿Una obsesión o una relación? Esta es la historia de Tomás Mena y Clemente Fabres, de cómo NO se conocieron Tomás Mena y Clemente Fabres, pero lograron coincidir en el tiempo y el espacio porque todo parecía estar destinado a juntarlos. La historia de cómo uno de ellos hizo todo para encontrar al otro.
Como si siguiera las operaciones literarias de Manuel Puig, Alberto Fuguet revela, a través de narrativas con recursos del cine, el ensayo, la música, la entrevista, los cambios de perspectiva, el vistazo a los cuartos propios, el choque cultural, intergeneracional y la mirada con nostalgia, esa fascinación por la masculinidad de los chicos. Su pericia para construir personajes incluso deja vislumbrar cómo se construyen ellos a sí mismos. Tomás y Clemente son conscientes de que son un personaje en la vida. Les ha tocado ser los tímidos y reservados, odiar a los hombres seguros, envidiar a los extrovertidos, tener el tipo de vida que los tímidos tienen. Los dos saben que gustarse como introvertidos y hacer alianza con otros tímidos los convierte en esos ciertos chicos que no son como los demás.
Saber cumplir órdenes durante la dictadura era ser masculino. El tratar de ser único o aislado o evidenciar una sensibilidad alternativa no solamente les convertía en disidentes del régimen, sino en bastardos culturales. Los personajes de la novela tienen en común la música, la lectura, el fanzine, el cine, las ganas de pertenecer a otra cosa, establecer conexiones diferentes y disfrutar el deseo; formar parte de la contracultura; sofisticar su desenfado. Son jóvenes que habitan un país al borde del colapso aunque ellos recién comienzan a quererlo todo.
Parecería que el autor pone demasiado de sí. La novela se confronta a sí misma cuando el tratamiento de la dictadura es visto a la distancia. Fuguet podría pecar de frívolo por intelectualizar el tema, pero realmente sube las apuestas, quiebra la línea de la autocensura y corre el peligro de reflexionar la cuestión desde una óptica que lo vivió a sabiendas de que será leído desde un presente que se escandaliza. Eso también es materia literaria: el riesgo.
«Ciertos chicos» es una desmitificación a esa respuesta cerrada que se ha tenido sobre la dictatura chilena; esa mala época. Tomás y Clemente demuestran que igual hubo muchas cosas buenas. Para los protagonistas crecer en dictadura es habitar un mundo, chocar pestañas e intentar abrazarse sin la ropa puesta. Aprender a herirse por anticipado para no dañarse cuando se conozcan. En la dictadura de Alberto Fuguet las voces enamoradas hacen que las obsesiones valgan la pena; la frivolidad se vuelve revolucionaria.
Los ciertos chicos sabemos que es mejor conectar bien con un libro que conectar a medias con aquellos lectores que la ternura rebelde ya no conmueve.
CIERTOS CHICOS de Alberto Fuguet. Año de publicación: 2024. Tusquets Editores. 451 páginas. ISBN: 978-956-9961-99-1
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