Hay un trozo grande de nostalgia en la última novela de Alberto Fuguet, Ushuaia (Un destino melodramático) [Tusquets, 2026] y que obliga, mientras se lee, a recordar los ciber café, las revista de papel cuché, la televisión abierta y análoga, los reproductores de CD portátiles. Mucho antes de todo esto, existió eso otro.
El escritor chileno cuenta la historia de Leticia y su hijo, Bruno. Ella, una argentina que llegó a un Chile en las postrimerías de la dictadura a vivir, irónicamente, más libre que el asfixiante San Luis, su pueblo natal al otro lado de la Cordillera de Los Andes, donde vive una amistad con beneficios con alguien a quien ayudará a sacar del closet de ese pueblo provinciano de los años 80.
Y es en ese Chile, que iniciando los años 90 cree en un milagro económico impuesto por el neoliberalismo, donde Leticia decide criar a un hijo, Bruno, en Maipú, una comuna de la periferia de Santiago, con una promesa de emergente clase media que ofrecía acceso a todo. Leticia logra tener su propia farmacia, una casa y acceso a educación para su hijo. Pero, sobre todo, libertad, aunque el pasado le sigue respirando muy cerca de la nuca. El libro va y vuelve al presente con la búsqueda desesperada que hace la madre de su desaparecido hijo Bruno, un escritor en proceso fuera de los márgenes y de las normas, la sexual incluida.
Lo que hace Fuguet es mezclarlo todo, como un DJ que le pica a las teclas con una potencia al máximo y logra que las emociones afloren en las páginas cargadas de referencias pop de dos países vecinos que se parecen más que lo que muchos quieren admitir.
En un recorrido al pasado mezclado con el tiempo presente, aparecen figuras icónicas de la parte más austral del Cono Sur como Cecilia Bolocco o Margot Kahl, así como Felipe Camiroaga y también referencias obligadas a la televisión mexicana que tanto marcó al Chile que redescubría la democracia, como Daniela Romo en Televisa. Lo mismo con teleseries clásicas de la televisión abierta de fines de los 90 en Chile como Iorana.
Ushuaia (Un destino melodramático) también recurre al viaje como un tránsito de los protagonistas. Ya sea al Festival de Viña del Mar o la Riviera Maya, sirve para relatar escenas externas e internas de los personajes. El viaje al extremo sur del mundo no hace más que trasladar al lector a un lugar marcado por el viento y los recuerdos.
De lo más interesante del libro es que hace propias muchas formas de relatar. Desde luego recurre a la primera persona; pero también a los blogs de antaño, donde sin la presión de ser leído, las gentes escribían sin miedo todos sus vómitos mentales. Los followers y el algoritmo no importaban. También, y tomando fuertemente el legado de Manuel Puig con su obra El beso de la mujer araña, hay páginas donde la conversación directa o una especie de monólogo de la conciencia toman el protagonismo. Hasta hay metaliteratura, con reproducciones de cuentos de un Bruno que sí tenía mucho que contar en su taller literario.
Pero también Fuguet, periodista de profesión, recurre al Periodismo citando artículos y entrevistas de un medio que sí existe en Chile para relatar la desaparición de Bruno. Gracias a ese recurso, con un Bruno ausente y sin saber si vive o no, se reconstruye la imagen que el mundo se hace de él. Un ser apático, bueno y mal escritor para unos y otros y un hijo perdido que ha buscado antes perderse a su manera.
A veces, incluso parece un guión, otra de las tantas vetas de Fuguet e incluye largos diálogos y descripciones de escenas utilizando todos los recursos a manos que van hasta las entrevistas forenses y vecinas chismosas en primera persona. Eso lo hace bellamente caótico y exquisito de leer, porque cuando Bruno desaparece, el libro se vuelve una novela coral y nostálgica.
USHUAIA (UN DESTINO MELODRAMÁTICO) de Alberto Fuguet. Tusquets. 2026. 341 páginas. ISBN: 978-956-6368-72-4
