Lugar de encuentro

Existe un paraíso libre por impuro,

sin potestades, dioses, ni sus pecados;

hecho para adoradores del albedrío,

quienes viven en causa de su libertad.

Donde desciende el hijo descubierto hombre,

reclama su sitio al margen del padre,

encarnando la necesidad de ser él,

gozando el destino del placer sin nombre.

Edén que es certeza y no vana promesa;

espíritu y redención no son premisa,

donde se consagra en cuerpo y carne viva,

lo divino es lo mortal y su embestida.

Ángeles de espaldas desnudas, sin alas;

hermosos exiliados por su vanidad,

complacidos convidados de Sodoma,

el milagro es el sexo que no fecunda.

Ahí todo es etéreo, nadie tiene rostro,

flaqueza es virtud servida en dorso ajeno;

reciben fuego que no es ira afligida,

sino tibia savia humana que es vida.

Siluetas encimadas son la eternidad,

alcanzada en el orgasmo eyaculado,

levíticos hombres yacen apilados,

descubriéndose hijos de su voluntad.

⬛Poema de A. G. Cabrera (1983, Ciudad de México, México)

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