Lalo Santos: «Les interesa mi historia, mi cuerpo y lo que les pueda dar»

Abrimos las puertas del cuarto oscuro a Lalo Santos, sex-influencer que siguiendo el hilo de la película que retrata su vida, "Pornomelancolía", esboza observaciones sobre la salud mental, el sexo en la era de la postpornografía y las narrativas que utiliza el cine para contar historias vulnerables.

Lalo Santos, actor y creador de contenido para adultos, es una figura curiosa para la industria del porno gay. Se trata de un hombre oaxaqueño, moreno, bigotón y graduado de la maestría en literatura mexicana. La experiencia de desnudarse frente a otros le llegó cuando realizaba una estancia de posgrado en la Ciudad de México. En Twitter topó con un casting, envió fotografías y después del callback rodó su primera escena.

A partir de entonces, Lalo empezó a fungir como modelo de desnudo para artistas plásticos, hizo vídeos con la productora Mecos Film, participó en cortos independientes y, en 2019 para la exposición “Viva Zapatilla”, protagonizó el clip viral “¡Zapata gime, la lucha sigue!”; donde aparecía caracterizado como Emiliano Zapata fornicando con otro hombre: el supuesto Ignacio de la Torre y Mier, yerno del dictador Porfirio Díaz.

Ahora Lalo Santos debuta en el cine con «Pornomelancolía», docuficción dirigida por el argentino Manuel Abramovich. La película narra su vida en el mundo del trabajo sexual, la creación de contenido pornográfico y la depresión a consecuencia de la exposición mediática.

Lalo Santos actor
Lalo Santos fotografiado por Eusebio Penha

«Pornomelancolía» se estrenó en el Festival de San Sebastián hace pocos meses y continúa presentándose en otros países. La duda que asalta a todos es que el protagonista no ha estado en ninguna exhibición. ¿Por qué?

No quedé en buenos términos con el director ni con la producción. Ya sabían que no iba a ir. El acuerdo era que los dos mil dólares que se tenían para mis gastos en San Sebastián sirvieran de algo junto con las regalías, que tenían que ser donadas a una fundación. Pero parece que se les fue la Internet; ellos se fueron a su festival y con ese dinero no se hizo nada. En la conferencia de prensa les preguntaron: “¿por qué no está Lalo?”. Solo dijeron que “nos sentimos muy apenados y ojalá estuviera aquí pero, bueno, nuestra película es esta y blablá”.

Durante los meses previos al estreno, y a la fecha, has manifestado en tus redes un total desacuerdo con el director y con la película ¿qué fue exactamente lo que ocurrió?

Lo que quiero decir es que la película no se hizo en las mejores condiciones. Pero eso lo estuvimos hablando desde hace tiempo, no fue una cuestión que les sorprenda. He dicho que las dinámicas de poder que se pueden dar en el ejercicio del documental o de la ficción siguen permeando y afectan a los involucrados. La cámara da poder. Si no estás consciente de eso siendo un director de cine, siendo un fotógrafo profesional, tienes que cuestionarte. Pero él [el director] es una persona inteligente, no creo que ni su formación ni su sensibilidad no le den para entender lo que yo le estaba diciendo. Obviamente lo entiende y no le conviene alterarlo porque es su forma de hacer documentales. Alguien que hace ese tipo de cine difícilmente va a decir “ya no lo haré y ya no voy a ganar dinero y ya no voy a tener reconocimiento y ya no voy a adquirir capital cultural”. Él mismo decía que no le gustaba trabajar con actores profesionales.

«Dejé la escena y me fui a otra habitación a llorar, vinieron el director y el asistente a consolarme… a consolarme para que fuera a terminar de grabar»

¿Sientes que fuiste usado de alguna forma?

No exactamente. Pero quiero que se entienda que en este tipo de películas… es verdad que se les da una voz a personas que están en situaciones vulnerables, pero de alguna u otra manera, también se está aprovechando que existan esas condiciones de vulnerabilidad para hacer películas. Y ni el director ni nadie ha dicho nada de eso. Hasta les di el chance de decir “bueno, no fue con malicia, sino por negligencia, por ignorancia. Nosotros queríamos hacer una película con amor y con toda la bondad del mundo, pero no pudimos dar las condiciones adecuadas, lo adelantamos y ofrecemos una disculpa”. Eso era lo que habíamos acordado. Y nada. No pasó nada.

¿No crees que hubieras podido hacer o decir algo al respecto de haber ido a la conferencia de prensa?

No, no, iba a ser muy fuerte para mí, porque era caer en lo mismo: sacarme de mi dinámica, llevarme a San Sebastián, conocer gente, flashes, entrevistas y muchas, muchas estimulaciones que iban después a provocarme un bajón depresivo. Luego se iban a olvidar de mí porque así es. Me iba a sentir como un mono de circo que lo sacan a exhibir, como los niños que protagonizaron «Quisiera ser millonario». No quiero caer en ese juego. En algún momento pensé que ir a la conferencia podría ser bueno. Pero me iba a afectar porque iba a estar al lado del director. Porqué él lo iba a negar y realmente nadie del equipo iba a apoyarme. Los técnicos y creativos que trabajaron en la película estaban bajo el control del director, son personas que se dedican al cine y difícilmente harán una crítica del proceso.

«Pornomelancolía» es una especie de híbrido entre ficción y verdad, que cuenta tu vida como sex-influencer y lo que pasa detrás de cámaras. Háblame un poco de lo que ocurría durante las grabaciones. ¿Cómo era la dinámica con el director?

Por ejemplo, la primera escena fue en el Eje Central en Ciudad de México. Estoy recargado en una baranda. Me dijo: “quiero que estés aquí tranquilo viendo a la gente y de repente empieces a llorar”. Lo hice como cinco, seis, o siete veces. Yo estaba muy entregado al proyecto y no se me complicaba llorar por la situación mental que ya traía. Los camarógrafos decían “sí eres buen actor” pero no tengo formación. Yo estaba descompuesto emocionalmente por dentro. Empezaron muchos estímulos rápido, grabar un día, grabar todo el día, estar ocupado, muy entretenido, no lo podía procesar todo. Hubo varios momentos en los que exploté, ¿qué estoy haciendo acá? No me está gustando. Dejé la escena y me fui a otra habitación a llorar, vinieron el director y el asistente a consolarme… a consolarme para que fuera a terminar de grabar. Yo no se lo haría a alguien con quien estoy entablando una relación íntima, ¿sabes? No le exigiría eso a quien te está abriendo su vida, sobre todo porque se supone que hay un proyecto empático. Si me hubieran dicho “voy a hacer una serie de Netflix y te voy a pagar tanto y me vale verga si te afecta porque yo lo que quiero es tener tu historia”, bueno, ahí ya sé qué tipo de gente es, pero se supone que esto era una colaboración desde el amor y la empatía, desde el cine de arte y una cuestión más humana.

Entonces, ¿sí existía un contrato laboral del proyecto que te impedía renunciar en algún momento si lo deseabas?

Se podía renunciar porque el contrato es muy sencillo. El contrato era una hoja con cuestiones generales. No sé cómo son los contratos. Nunca he sido tan quisquilloso con ese asunto. No sé ni siquiera si había seguro de vida o seguro de gastos. Pero sí había un financiamiento grande; el Festival de Guadalajara dio dinero, el de Los Cabos, San Sebastián, incluso el Instituto de Cinematografía de Argentina. Pero no quise renunciar. Ya en la última parte de la filmación había entendido la dinámica de esas personas. «Mira, a estos yo no les intereso, solo les interesa mi historia, mi cuerpo y lo que les pueda dar». Así que me dije “voy a ocupar esto como un ejercicio emocional para conocerme, de fortaleza”. Y este pensamiento casi al final se dio. Me di cuenta de muchísimas cosas, de que no puedo o de que me cuesta mucho trabajo establecer límites cuando me comprometo con alguien. Y el proceso no está chido porque hay gente que sabe lo que puede conseguir. Directores extranjeros que detectan a personas vulnerables, que están en malos estados y que seguramente se pueden aprovechar para deleite estético de una minoría intelectual.

El creador sentado, Lalo Santos
Fotografía de Dorian Ulises López.

Ahora continúas creando vídeos desde casa, solo enfocados en ti y en tu cuerpo ¿prefieres ya no hacer más colaboraciones con otros?

Con los vídeos tengo mayor grado de control de la situación; con quién, dónde y a qué hora. A diferencia del trabajo sexual, obviamente no hay riesgo de ir con un desconocido, con alguien que quizás no te guste o tener que hacer las cosas a la fuerza. Hace como un año que solamente hago cosas de mí porque la dinámica de colaborar me tenía cansado. A pesar de que tienes la situación bajo control, la parte emocional siempre te pega. Hasta ahorita siento que todavía no me recupero. La vida sexual sí se transforma.

¿En qué sentido se transformó tu vida antes del porno?

Antes del porno… de repente te gustaba alguien, cogías y todo bien. Pero con las experiencias extremas de sexo se me transformó el panorama sexual. “Si no voy a grabar ¿para qué coger?”. Me decía “tengo a cinco weyes que se dejan grabar y el que me interesa dice que no quiere grabar. Con cualquiera de esos cinco voy a sentir lo mismo, pero aparte voy a ganar dinero y voy a tener videos”. Ya no tenía relaciones por placer. Por ejemplo, cuando alguien es comediante dice “solo voy a hacer reír si va a ser negocio”, si no, no; ya no voy a hacer chistes con la familia porque pierdo dinero.

Y con la experiencia de la película y lo que resultó ¿te arrepientes? No solo de eso, sino de todo, de las fotos, de hacer vídeos desde el principio…

No. No me arrepiento porque he aprendido muchísimas cosas. Fue algo que no busqué. Hay gente que conozco que me ha dicho que desde los 15 años ha querido ser estrella porno y tener su productora. Yo terminé la maestría, estaba en el inter para hacer el doctorado y se dio. Empecé a subir fotos normales en calzones y vi que había cierta reacción. Me volví adicto a Twitter. Como ejercicio antropológico es interesante porque de repente empecé a notar qué tipo de material le gustaba a la gente; descubrí que les gusta que fuera como macho, agresivo y son las cosas que replico. Si tú vas a enseñar el rostro es un arma de doble filo: es muy práctico porque te puede aumentar seguidores pero obviamente la marca que te deja es indeleble. Soy consciente de que existen personas que se pueden sorprender de lo que hago; el hecho de hacer porno o exhibirse como yo tiene sus repercusiones en el ámbito laboral. Las personas se pueden asustar pero no es mi problema, es problema de ellas. A pesar de que se diga que somos un país avanzado, la sociedad es bastante conservadora en cuanto a la relación que hay con el cuerpo, con el cuerpo desnudo, con el cuerpo que siente, con el cuerpo que te da placer, que recibe placer. Sigue siendo un tema tabú. ◼️

  • Lalo Santos | Instagram
  • Foto de cabecera: Fotografía de Rodrigo I. Ramírez con X incorporada para reflexionar sobre la censura.

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