Libros que odiamos

Pasen y vean. Adéntrense por el territorio troll. En Un Cuarto Oscuro les preparamos un poco de crítica negativa y nos desahogamos con (algunos de) los libros que hemos odiado. Ya, odiar es un vocablo fuerte y muy negativo. ¿Pero es posible odiar una obra cultural, decirlo y seguir siendo amiguis?

El contexto actual dicta que ya no estamos para odiar a nada ni a nadie que nos desagrade, basta con pasar de largo y evitar el conflicto. Como mantra de vida parece un camino sensato fuera del rencor; pero el sentimiento de aversión tampoco es malo. Al menos no cuando se habla de obras, películas, libros, música y demás.

Ahora la crítica (equívocamente llamada “negativa”) es más necesaria que nunca; permite diferenciar lo que vale la pena leer, de la basura. No se escandalicen. Sabemos que los criterios son siempre subjetivos y los gustos varían. El disgusto también tiene argumento.

En Un Cuarto Oscuro queremos seguir promoviendo la crítica rigurosa y la reflexión profunda acerca de los libros que nos interesan. Pero para que ese debate siga vigente, también es necesario desahogarse un poco y ser honestos con las emociones, a veces muy personales, que nos dejan ciertos libros.

Invitamos a nuestros colaboradores a salir del armario en la crítica negativa y que nos confesaran cuál libro han odiado y por qué. No quiere decir que los detestemos a muerte, pero sí tenemos el derecho de decir que no nos gustaron.

Alberto Fuguet No Ficción

«No ficción» de Alberto Fuguet

(Literatura Random House, 2016)

El cliché empalagoso es lo que me enfada de «No ficción» del escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet. Un retrato de dos hombres en sus cuarentas que conversan de algo que fue, pero no. Que quizá, pero a lo mejor tampoco. Ese terreno gris de la conversación entre Álex, un escritor, y su otrora asistente, Renzo, en un libro de poco peso poético, y mucho diálogo que no lleva a ninguna parte. 

El formato es algo tedioso. Sobra decir que la pluma de Fuguet es maravillosa en sus obras literarias y visuales. La soltura y apertura con que cuenta historias, el desparpajo y esa sensación de estar escuchando a un amigo hablar con una chela en la mano, se agradece en textos literarios a veces tan empaquetados en esto que llamamos literatura cuir. Pero en el caso de «No ficción», ese diálogo-guión extenso y a veces reiterativo es aburrido a ratos, y empalagoso y sobrante en la mayoría de la larga –y a veces innecesaria, diría– conversación. 

Quizá lo que subjetivamente me molesta es no poder involucrarme en la historia y gritarle a Álex y Renzo que ¡basta! que se dejen de gilipolleces y se desnuden rápido y tengan el mejor sexo de sus vidas, sin tantos diálogos ni explicaciones ni filosofía de post de Facebook. ∎ NICO DURANTE


Entre Hombres German Maggiori

«Entre hombres» de Germán Maggiori

(Alfaguara, 2001; Edhasa, 2013)

Sé que «Entre hombres» no es una novela gay, mucho menos un libro que pretenda alguna búsqueda ni reformulación respecto a las historias LGBT. Mi crítica no tendría mucho sentido entonces, pero aun así la haré porque la novela de 2001 del argentino Germán Maggiori, cuya adaptación a miniserie de HBO, veinte años después, ha tenido buena recepción, posee un fuerte subtexto homoerótico.

Gran ejemplo de la novela policial contemporánea, un lenguaje propositivo, regional, salpicado del humor de machos que empalma con las anécdotas contadas en este universo netamente masculino. Todo inicia con el asesinato de un par de travestis y un supuesto vídeo porno extraviado que se vuelve el santo grial de la policía. Lo que me desanimó fue el trato choteado e inhumano a las travestis, a las que no deja de ver como homosexuales de segunda. Siempre puestas en el peor de los escenarios hostiles, siempre víctimas, con las historias más sórdidas: cocainómanas, prostitutas, violadas en la infancia, golpeadas como muñecas inflables. Maggiori las trata como meras marionetas a las que les ocurren todo tipo de vejaciones. No tienen consciencia propia y existen solo cuando el padrote les grita.

Me pareció decepcionante. Una novela en la que desfilan masculinidades retorcidas, con personajes de mentalidad abierta y complejos en un entramado abarrotado (casi llegando a lo pantanoso) cae en el cliché cultural nuevamente. Pareciera que el autor investigó todo el mundillo criminal, pero a sus víctimas principales las siguió narrando como un mero ornamento indigno. ∎ LUIS ROMANI


Elizabeth Duval Madrid será la tumba

«Madrid será la tumba» de Elizabeth Duval

(Lengua de trapo, 2021)

No hay duda de que Elizabeth Duval es una mente privilegiada, una analista de madurez precoz, y también un referente, la voz de una nueva generación LGTBI… Elizabeth Duval es muchas cosas, quizá por eso las expectativas jugaron en mi contra al leer «Madrid será la tumba». Y es que Duval es también una buena escritora, pero tal vez demasiado.

En esta novela, Duval presenta una historia de amor y sexo entre dos chicos de bandos enfrentados por los extremismos políticos. Es, por decirlo con simpleza, un Romeo y Julieta gay en un Madrid okupa. Sin embargo, su lectura se me hizo mucho más farragosa que los versos originales de Shakespeare. Y es que, con un lenguaje excesivo que muchas veces roza la pedantería, Duval vuelca tal cantidad de conocimiento, análisis y referencias, que uno llega a pensar que la novela ya no es novela, sino un ensayo político. Crees estar leyendo la introducción de un personaje y te llevas de regalo una extensa reflexión que incluye a Felipe González, el Ibex 35, el artículo 135 de la constitución, el partido griego Syriza o la operación Chamartín del BBVA… Como si la última serie gay de Netflix tuviera interferencias de Al rojo vivo de La Sexta.

Es cierto que en ocasiones la narración coge agilidad y tiene momentos álgidos interesantes, pero también deja la impresión de que quitando toda esa parafernalia redicha (que en otro contexto me resultaría interesante), la novela se quedaría en un argumento un tanto predecible. Elizabeth Duval me sigue pareciendo una mente privilegiada, pero necesito que filtre tanta brillantez para que se me haga entretenido lo que tiene que contar. ∎ TONI BRITO


Codename Villanelle de Luke Jennings

«Codename Villanelle» de Luke Jennings

(Hachette Book Group, 2017)

Cuando hace unos años descubrí, con sorpresa y admiración, la atracción fatal entre las protagonistas de la serie «Killing Eve» (2018), tuve la tentación de leer la novela en que se basaba la serie con el argumento -no siempre acertado- de “el libro será mejor”. Sospecho que muchos nos llevamos la misma decepción.

«Codename Villanelle» es en realidad la recopilación de cuatro relatos o novelas cortas de Luke Jennings (Reino Unido, 1953) en las que describe sin mucha destreza una trama de espías y asesinos a sueldo, y cuyo mayor acierto -que no es poco- consiste en cambiar el sexo y la orientación sexual habitual de los personajes principales.

A él debemos reconocerle la creación de ese personaje tan carismático que es la extravagante asesina Villanelle (inspirada, por cierto, en la exetarra Idoia López Riaño, alias la tigresa) obsesionada con su perseguidora Eve. Pero el libro se queda en un folletín simplón lleno de lugares comunes e incapaz de mantener la atención del lector.

Es de suponer, por tanto, que el éxito de la serie, al menos sus primeras temporadas, se deben a la maestría en la adaptación de Phoebe Waller-Bridge (Londres, 1985), creadora de otras joyas de la televisión reciente como «Fleabag» (2016-2019), y la algo menos conocida «Crashing» (2016). De una narración plana y tópica, Waller-Bridge consigue hacer de estos dos personajes y su relación tormentosa -es decir poco- una trama adictiva y apasionante entre dos mujeres de armas tomar, nunca mejor dicho. ∎ TONI BRITO


Encuéntrame de André Aciman

«Encuéntrame» de André Aciman

(Alfaguara, 2020)

Recuerdo que cuando acabé de leer «Llámame por tu nombre» (2007) no sabía si lo que se estaba cociendo en mi patata era vergüenza ajena o devoción desmedida por una novela que tocaba bastantes de mis crushes vitales: Italia, Roma, la tontería que te inunda cuando estás frente a alguien que te gusta, sí pero no, pero bueno qué pasa, que idiota aunque qué bueno está, pero le molan los tíos o no… Después, con el tiempo y una segunda lectura, ya no dudé: no iba a sacarme más entradas para ese festival de la cursilería. ¿Pero claro, quién se podía resistir a «la continuación de la historia de Elio y Oliver»? Así que al poco de publicarse «Encuéntrame» pague mi ticket para el escenario patrocinado por «Globos de Rosas Hermosas» y me dispuse raudo a ver qué les había pasado al pianista y al profesor.

Ni rastro. Lo que te encuentras en «Encuéntrame» son tres relatos y un epílogo aparentemente inconexos (al menos yo no soy capaz de conectarlos) en los que la prosa ñoña y afectada de André Aciman desfila ante nosotros ejecutando una coreografía manida que pretende jugar con la nostalgia, el amor y la melancolía pero que acaba resultando el trasunto de una noche de borrachera de una panda de ricos insoportables. El padre de Elio viaja en tren y liga, liga de la manera en la que ligan los turistas «todo incluido»; Elio conoce a un abogado maduro y, copa de vino arriba, copa de vino abajo, acaba investigando al autor de unas partituras de piano. Y Oliver prepara una fiesta porque se traslada a otra ciudad en la que planea una pátina de bisexualidad no resuelta con un profesor y una compañera de yoga.

Hay que reconocer que como novela romántica de ciencia ficción podría tener su aquel. Y como tratado antropológico sobre la estupidez humana, también. Que bueno, bien mirado, también tiene su punto (y final, por favor).∎ GUSTAVO FORCADA


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