Egales, la editorial LGTBIQ+ española nacida al amparo de la mítica librería Berkana, ha publicado más de trescientos libros desde que a mediados de la década de los noventa Sebastian Beaumont destapara «Es difícil encontrar héroes» (Egales, 1995) con la frase «Me sorprendió advertir que después de ocho años juntos, mis sentimientos por la marcha de Andrea fueran tan contradictorios» y hasta que el enunciado «No creo en fantasmas» haya encabezado, 30 años después, «Luces cegadoras» (Egales, 2025) —tercera novela del escritor navarro Íñigo Sota (Pamplona, 1983)—. Durante todo ese tiempo, la aventura libresca de Mili, Connie y Helle ha fructificado en un extraordinario catálogo que cobija renglones disidentes y con el que es posible planear muchas fugas de la literatura «oficial».
Casualmente, tanto la obra del escritor escocés con la que Egales abrió su colección de narrativa como «Luces cegadoras», la primera publicación del año en el que conmemoran sus tres décadas de vida, también hablan de una marcha. De una partida que dispara todo un movimiento emocional. De un éxodo personal que revienta universos: los de sus protagonistas. Pero la sociedad de Sota ya no es la de Beaumont. A la comunidad LGTBIQ+ y al mundo en general le han aparecido, en el ínterin, grietas que vendrían a ser el resultado visible de la erosión kárstica (millones de años de disolución, ahora, concentrados en tres décadas) provocada por el quilombo de las carencias que nos han endilgado desde múltiples frentes.
Y en la base de esos vacíos impuestos, como nos insinúa la obra de Ínigo Sota, siempre está la memoria: un cubo de Rubik espectral en continua transformación. Hernán, el narrador de «Luces cegadoras», no cree en fantasmas de «sábana y grillete» pero sí en «aquellos que adoptan la forma de un recuerdo». Y justo cuando llega Leo (el primer fantasma que cruzó su vida) para enterrar a su padre a la capital de provincias donde vive Hernán, este propicia un encuentro entre ambos. Una suerte de buceo a pulmón por las evocaciones del vínculo que mantuvieron en el pasado en el que cada palabra es una rendija para acceder a espacios de su recuerdos que no habían querido/podido transitar.
Con un plano arquitectónico teatral (sería curioso ver la adaptación escénica que puede desplegarse a partir de él), «Luces cegadoras» pivota en torno a una conversación entre dos hombres en la treintena y la cuarentena que en 2002, cuando tenían veintisiete y dieciocho años, tuvieron una relación que duró seis meses y se cortó de manera abrupta. Durante todo el intercambio de palabras pesa en el ambiente, eficazmente construido por el autor a partir de diálogos certeros y una firme pulcritud estilística («aquel día descubrí qué se sentía al ser un objeto, y me gustó»), un juego de honestidad mutado en madurez que retrata a la perfección el entramado psicológico de los dos personajes. De Hernán, «un jovencito de clase media con ansias de amor, sexo y sueños», y de Leo: un muchacho de familia acomodada que prefirió «seguir viviendo enclaustrado en el armario […] torturado por voluntad propia». Los dos amantes pasajeros hablan y en ese instante —utilizando la terminología de Raquel F. Cobo en su despampanante «El arte de la conversación literaria» (Barlin Libros, 2025)— «se inclinan hacia uno mismo, se vuelven hacia sí». Quizá para descubrir (sin intención de destripar el final del libro) que, casi siempre, huir es tener nuevos arañazos. Tanto si suena como si no una canción de U2.
Es en la confrontación de clase, un rizoma de sentimientos desemparejados, distinto origen social y valor diferencial de las relaciones sexuales entre los protagonistas, donde radica uno de los grandes logros de esta novela que según explica su autor comenzó tomando forma a partir de notas manuscritas al borde de una piscina en un día de verano de 2018. Y cuyo resultado final, años después, remite al Eribon de «Regreso a Reims» (2009; Taurus, 2024): «nuestro pasado sigue siendo nuestro presente. En consecuencia, uno se reformula, se recrea (como una tarea que hay que retomar indefinidadamente) pero no se formula ni se crea».
Así pues, «Luces cegadoras» es una historia de fantasmas en un sentido «jamesiano» que se reformulan en nuestra presencia. De personajes perdidos en naves a la deriva en las que están a cargo del timón. Donde melancolía y pérdida quieren romper la ligazón freudiana. Y donde una suerte de depresión ontológica cercena las determinaciones de Hernán y Leo hasta que intentan demostrarse que siguen vivos.
LUCES CEGADORAS de Íñigo Sota. Editorial Egales. Año: 2025. ISBN: 978-84-19728-76-0 164 páginas. Puedes conseguir «Luces Cegadoras» aquí.
