Siempre tuvo una opinión muy pobre de sí mismo. Preguntaba con frecuencia a su agente literario qué pensaban «ahí afuera» de él. A pesar de que recibía infinidad de cartas de lugares remotos agradeciéndole su escritura y felicitándole por componer unas frases tan desgarradas y magnéticas. Y aunque recogía la admiración de una legión de seguidores allá por donde pasaba —en noviembre de 2002 visitó «El Cobertizo», la mítica librería valenciana LGTBIQ+ de Juan Alberni Barba cuyo nombre es un homenaje a uno de sus personajes (ya, un clásico absoluto), absorbiendo entrañables muestras de afecto— tuvo claro que cuando fuese un autor muy leído, él ya no estaría aquí para verlo. Y no le faltó razón: nos enteramos de su muerte (falleció en Portland el 21 de septiembre) casi diez días después de que sucediera y todavía estamos esperando la retahíla de homenajes, análisis de su obra y obituarios sentidos de la prensa cultural (excepción honrosa, estos magníficos párrafos de David Morán en la Rockdelux).
A Tom Spanbauer (Pocatello, Idaho, 1946 – Portland, 2024) le hubiese gustado saber cuál iba a ser su lugar en la historia de la literatura. No lo tenía muy claro. Sí que intuía que la sensación de aislamiento y alteridad que rezumaba su obra tenía sus raíces en Idaho. Todos sus textos remitían «directa o indirectamente» a ese estado del noroeste de EE.UU. A la granja de 65 hectáreas —colindante con una reserva de nativos americanos— en la que creció con unos padres de origen alemán que odiaban el sexo y para los que el trabajo y la religión se anudaban irremediablemente (de hecho, el tejado del edificio donde dormían estaba coronado por una estatua de la Virgen María de más de un metro de alto con un foco sobre ella). De lo que no estaba seguro es de cómo iba a ser recordado cuando muriese. Spoiler: el legado del maestro de la Dangerous Writing —así tituló su taller de escritura (por el que pasaron Monica Drake y Chuck Palahniuk) y así denominó a sus técnicas literarias que venían a hurgar en el armario del dolor para sacar nuestros miedos y vergüenzas y volcarlos en palabras— será reivindicado con el tiempo como uno de los patrimonios LGTBIQ+ más fértiles e inspiradores de las últimas décadas. Pero todavía no. Habrá que aguardar «tiempos mejores». Mientras tanto, sus lectores no podemos permitir que su estela entre en barbecho.
Y es que a parte de haber supuesto argamasa catalizadora de infinidad de carreras literarias (el escritor y periodista valenciano Rafa Cervera ha declarado que sin haber leído a Spanbauer nunca hubiese publicado «Canción para hombres grandes» (Jekyll & Jill, 2022), la escritora Alana S. Portero reconoce su influencia como pistón fundamental de su motor creativo y el periodista y escritor Paco Tomás —autor de una bella columna en «Público» sobre Tom— afirma que leer la segunda novela del autor norteamericano «me devuelve el deseo impetuoso de escribir»), las cinco obras del creador de Ida Richilieu son un portento de genialidad y audacia.
La turbulencia metafórica del chinook de «Lugares remotos» (1988). La explosión de manumisión sexual, física y espiritual de «El hombre que se enamoró de la luna» (1991) —un libro del que el editor y escritor Weldon Penderton señala que si tienes la suerte de que caiga en tus manos en la adolescencia hará que te explote la cabeza—. El vis a vis con las primeras embestidas del VIH en el Nueva York de los 80 de «La ciudad de los cazadores tímidos» (2001). El viaje iniciático de Rigby John Klusener (todos somos Rigby) de «Ahora es el momento» (2006). Y los once días seguidos de insomnio total que devastaron a Spanbauer mientras escribía «Yo te quise más» (2013). Cinco jalones inolvidables en la senda descarnada de uno de los grandes. Y además, uno de los nuestros.
La mente siempre se empeña en dejar un chafarrinón —a veces diminuto pero perceptible— en los recuerdos más hermosos. No encuentro ninguno cuando alguna amiga o alguna reseña que leo menciona a Tom Spanbauer. De hecho, despliego las antenas de la atención constante al escuchar su nombre. Y una parte del hipotálamo, a costa de disparar temperatura y frecuencia cardiaca, rebobina hasta aquellas noches del verano de 1997 cuando lo descubrí gracias a un programa de radio cuyo nombre era un homenaje a él. «Germans de lluna» («Hermanos de luna»), una aventura hertziana amparada por la radio pública catalana («Catalunya Ràdio») en el que las recomendaciones culturales y los trayectos emocionales se cruzaban de manera arrolladora bajo el paraguas de su conductor: el periodista y crítico de cine Àlex Gorina.
Y tras el impacto inicial vino la devoción absoluta. Entusiasmo que se disparó cuando supe que su primera novela «Lugares lejanos» pudo ser editada por el mismísimo Gordon Lish. Exacto… el escritor adorado, el top de los editores (ay, el que le cercenaba el cincuenta por ciento del material original a Raymond Carver). Y no lo fue porque Tom se negó a pagarle unas clases privadas (había sido su profesor en el grado de escritura creativa de Columbia) en las que corregirían el manuscrito y lo dejarían «listo para imprenta». Arruinado por el crédito que había necesitado para entrar en la Universidad y compaginando multitud de trabajos para poder pagar su alquiler en Nueva York, Spanbauer le dio portazo a Lish.
Ahora nos lo ha dado a todas, todos y todes. ¡Y de qué manera! Las primeras palabras con las que Tom Spanbauer comenzó su trayecto literario fueron: «La luna estaba llena y era aquel mes de febrero en que no nevó». El día de su muerte, el 21 de septiembre de 2024, habían pasado tres días de una de las lunas llenas más literarias y evocadoras que existen: la Harvest Moon. La luna de la cosecha, la que permitía a los agricultores tener más luz y tiempo para recolectar y poder afrontar el duro invierno. La que vino a despedir al hombre que se enamoró de la luna. Emoticono carita triste con lágrima. Ladies, you know what I mean! ∎
Composición de portada a partir de una fotografía de Michael Sage Ricci.

Magnífico. No se puede expresar de otra manera.
Ohhh!!! Qué alegría saber que te gustó!!!
Guardo cada libro del autor como un tesoro. Leídos en diferentes etapas de mi vida y engranando perfectamente con el momento que me tocaba vivir. He descubierto esta reseña, realizando la búsqueda “ próximo libro de Tom Spanbauer”. No habrá próximo. Me entristece perder la oportunidad de otro viaje, que seguro volvería a engranar con el momento que me toca vivir. D.E.P. Gracias por este maravilloso artículo.
Sus libros hicieron más llevaderas algunas etapas de nuestras vidas 😢
Muchas gracias a ti por leernos!