La narrativa gay en general, pero con mayor hincapié en la cinematográfica, se agota pronto, cuando las tramas de salidas del clóset, primer romance, y vida secreta plagan las películas. No sólo las premisas se vuelven repetitivas, también los tonos, o eso que llamamos subgéneros en el cine.
Hasta hace un par de años, las historias de homosexuales concluían con el acontecimiento trágico, o en su defecto, eran el punto de partida. La segunda década del siglo XXI mostró tramas más optimistas, llegando a la edulcoración, donde la comedia se hizo presente. Pero fuera de estas dos vertientes, a la narrativa cinematográfica de tema gay, especialmente, a la más conocida, no le interesan otro tipo de premisas ni de personajes ni ambientes, incluso giros dramáticos revitalizadores.
Los amantes astronautas (2024) del cineasta argentino Marco Berger es una de las películas más propositivas de la década reciente. Porque se hace contemporánea desde la estilística de la comedia romántica, para contar una trama aparentemente superficial que, en realidad, es la subversión del cine comercial a través del tratamiento homoerótico.
- Es una comedia romántica. Esta etiqueta parece frívola, pero la verdad es que no existen, como tal, comedias románticas gays. Las solemos confundir con las Love Story del primer deseo. La estructura de la comedia romántica en rigor contempla a una pareja dispareja que contra todo pronóstico termina unida. No hay ocultamiento ni clóset, la propuesta es hasta ridícula: Pedro y Maxi, dos chicos que mediante un juego hacen creer a sus amigos que son pareja (sin novedad aparente porque uno de ellos comienza a enamorarse realmente del otro). Sin embargo, lo que es un cliché en el cine de parejas heterosexuales, resulta novedoso en una historia de duplas homosexuales.
- No hay que olvidar que hablamos de una película latinoamericana; ligera, sexy y pícara lejos de la solemnidad que se busca una y otra vez en la cinematografía de habla no inglesa. El fin primero del cine es el entretenimiento. Hay que recordar que la profundidad no es exclusiva de un género; puede venir en distintos registros, tonos y entramados.
- La película reúne algunos de los elementos constantes en la estética de Marco Berger. Javier Orán interpreta a Pedro, y Lautaro Bettoni a Maxi, enredados en una íntima amistad. Pero la carga erótica en esta ocasión no conduce a lo explicito de un cuerpo desnudo, sino a la tensión; el deseo fluye de manera lúdica. La película es sumamente sensual, no por la imagen que vemos en pantalla. Lejos de una transgresión visual, son los diálogos y los juegos de ternura masculina en su mundanidad, los que llevan la historia.
- El tema de la asimilación, descubrimiento o evasión de una orientación sexual pasa a segundo plano. No es problema para nadie. Hablamos de una película sobre las capas y el peso de portar una masculinidad en un entorno que acobija la diferencia. Un matiz interesante es que la rápida aceptación de los amigos de Maxi es lo que lo confronta. A nadie le sorprendió que el hetero se declare gay; lo que le afecta a Maxi es parecerlo y no haberse dado cuenta.
- El conflicto universal sobre lo complejo de las relaciones humanas. Nada es frívolo para el corazón, porque no sabe cuándo mientes el cariño. Los amantes astronautas hablan de los roles de pareja, de las formas de dar amor, del problema y la adrenalina de mezclar amistad con sexo; y lo emocionalmente cruel que se vuelve una broma cuando despierta sentimientos.
- ¡La curiosidad! La película aborda sin ornamentaciones de fanfic los vínculos que existen entre varones heterosexuales y homosexuales. Aquellos que se conocieron desde la infancia y ven su relación transformarse gratamente. Sin dejar de lado la curiosidad latente por vivir el mundo masculino bajo otra óptica. Los chicos también tienen preguntas entre chicos, y no siempre es sobre mujeres.
- El etiquetado. Los amantes astronautas demuestra una vez más que no deja de ser problemático, tanto jugar a tener una relación como mantener una en serio; tanto etiquetar una como vivirla sin título.
PLUS: Javier Orán y Lautaro Bettoni ofrecen una de las mejores químicas de pareja: son graciosos, orgánicos, cachondos. No buscan irradiar una pasión artificial ni una cursilería adolescente. Son hombres, jóvenes, pero hombres al fin y al cabo, y como tal, su amorío, su amistad y sus bromas, son travesuras salvajes.∎
Imagen destacada: Lautaro Bettoni y Javier Orán en «Los amantes astronautas».
