Un joven entra en un box de un hospital para despedirse de su padre moribundo, pero no es capaz de verbalizar sus pensamientos. Nueve años después, echa abajo la barrera de la incomunicación y consigue manifestar, como un torrente, todo lo que sintió entonces, antes y después, todo lo que le atormentaba y que confluía en la figura de su padre.
“Yo era un chico” (Sexto piso, 2025; “Jo era un noi”, Angle editorial) es una desgarradora carta, llena de amor y odio, de un joven a su padre muerto. Una extensa diatriba en segunda persona en la que se relata la niñez y adolescencia del narrador, una búsqueda de identidad marcada por el miedo, la vergüenza y la culpa.
La escritora y dramaturga Fer Rivas (Barcelona, 1994) narra en su primera novela la historia del chico que fue, en un texto que entrelaza los traumáticos días de agonía de su padre con una serie de momentos clave en su vida: los que marcaron su relación con él y los que pavimentaron su propio autodescubrimiento. Con semejanza e inspiración explícita en “Quién mató a mi padre” de Édouard Louis (Salamandra 2019), la autora logra, por simple método inductivo, una profunda reflexión sobre una pregunta trascendental: ¿Qué es un hombre?
“Me arde la boca cada vez que pronuncio la palabra hombre” dice el protagonista. Un concepto marcado inevitablemente por la figura de su padre: una persona seria, estricta, intimidante a pesar de las pequeñas y lejanas muestras de cariño; trabajador hasta la extenuación (“Si no trabajas, no eres un hombre”) y, en consecuencia, ausente; obligado a seguir un modelo de masculinidad basado en proveer a su familia y mantener el orden de su casa.
La autora no ignora que este modelo de género es una losa heredada y, con mucho acierto, incluye, a modo de preludio, una labor de investigación para enmarcar la historia familiar: un abuelo machista y duro, una abuela sumisa y analfabeta, una familia emigrante de clase obrera que se instala en los barrios pobres de la entonces periferia —la Zona Franca de Barcelona— en viviendas afectadas por aluminosis. Un entorno que, además de todas sus miserias intrínsecas, también impone con más intensidad a los hombres la obligación de ocupar un lugar determinado, una manera de ser y comportarse que trasciende generaciones ¿Cómo iba a escapar su padre de eso? ¿Cómo pudo escapar él?
Ahí reside el conflicto, en la imposibilidad de cumplir con las expectativas que la sociedad y, por extensión, la familia, el padre, han puesto en él. Una frustración agravada por la incomunicación, también propia del género masculino —como tan poéticamente reflejó Luis Díaz en “Los bloques naranjas” (Caballo de Troya, 2023)— y que aquí no se resuelve hasta la muerte. “Me dabas mucho miedo, sobre todo en la adolescencia, cuando yo tenía un secreto que destruía todo lo que tú eras”.
La reflexión se complementa con una metáfora animal: la poética imagen de una cierva bramando de noche, en medio de la ciudad, se convierte a lo largo del relato en una excusa para tratar los roles de género, qué se espera de los machos y las hembras en una comunidad y qué ocurre si se transgreden esas expectativas.
Hay, además, otro aspecto más que merece la pena resaltar, en especial en un medio como este, y para todas esas veces en las que nos preguntamos si de verdad existe un género queer o si debería existir esa etiqueta: “Durante mucho tiempo estuve convencido de que lo que me pasaba, solo me ocurría a mí. Hasta que encontré, primero, el cine queer, y luego la literatura queer. Entonces todo cambió. Por fin alguien se dirigía a mí, directamente, sin pelos en la lengua. Hablándome de las cosas que a mí me importaban o me preocupaban, o simplemente mostrándome un camino posible; construían un futuro”.
YO ERA UN CHICO de Fer Rivas. Traducción de Cristina Lizarbe Ruiz. Editorial Sexto Piso. Año: 2025. ISBN: 978-84-10249-42-4. 236 páginas. Puedes conseguir «Yo era un chico» aquí.
