No es que Femme (2023) haya pasado desapercibida en su año de estreno, pero sí padeció el mal de las películas independientes que triunfan en los festivales, y es que muchas de ellas no tienen cabida en el mundo del mainstream, mucho menos si abordan el Lado B de las temáticas marginales.
Hay que decirlo: lo LGBTIQ+ todavía es concebido como una temática de minorías, aunque en boga, sólo las tramas presuntamente reivindicativas, idealizadas o comercialmente potenciales son las que tienen mayor exposición. ¿Por qué? Porque habitamos la época de la representación, donde lo importante es la “buena representación”. El resto de los mil tipos de historias de la diversidad son vistas exclusivamente para el (temido) nicho de mercado; un sector reducido de espectadores específicos que no representan una estadística importante para la industria.
Hay que apuntarlo: el mal que hace la industria a los creativos es obligarlos a buscar historias universales de profundo optimismo que puedan conectar con las masas. Pero olvidan una de las máximas del storytelling: lo verdaderamente universal es la particularidad de un grupo.
Femme, dirigida y escrita por Sam H. Freeman y Ng Choon Ping, es una apuesta arriesgada en las narrativas cinematográficas actuales que tratan la diversidad sexual. Por eso, aquí van las 7 razones para perseguir la osadía de Femme ahora en el streaming.
1. Se trata de una historia particular del colectivo LGBTIQ+. Para el espectador queer quizá es una anécdota de la velada peligrosa que combina deseo con violencia, pero para el espectador no queer es una historia sobre la represión y la venganza, atravesada por la confusión del cariño.
2. La trama gira en torno a una drag queen negra, Jules, interpretada por Nathan Stewart-Jarret, que una noche a las afueras de un club, luego de confrontar a un sujeto que la ofende, este la agrede sangrientamente en la calle hasta tumbarla. Meses más tarde, Jules out of drag se encuentra con el mismo sujeto dentro de un sauna, tras ligar comienzan una rutina de encuentros sexuales basados en la dominación. Mientras esto acontece, Jules planea una revancha contra él buscando formas para exponerlo en una de las páginas porno que halló en Internet.
3. El sujeto tiene nombre: Preston, un hombre blanco y tatuado, interpretado por George Mackay quien junto a Nathan Stewart-Jarret generan una dupla interesantísima. Una suerte de atracción fatal, casi inconcebible, en polos opuestos. La aversión por la feminidad de uno, que poco a poco avasalla la masculinidad del otro, es un juego de ajedrez que va in crescendo donde subyace una autentica relación “afectuosa” entre ambos.
4. Estamos sobre todo ante una película de suspenso. La tensión sexual y el miedo gobiernan la trama y nos regalan una experiencia poco vivida en las películas queer. La mezcla de la excitación homoerótica con la brutalidad misógina y homofóbica. La mejor parte, es una ficción, de hecho, más cercana a la realidad que las historias endulzadas que nos exponen cada vez más en la pantalla.
5. El título es una declaración de principios. No es sorpresa que la feminidad de Jules (y valiente descaro en su faceta drag queen) es lo que genera la aversión en Preston (el hombre reprimido que repudia a los maricones al mismo tiempo que los desea). La homosexualidad no es el tema rector de la película, sino la pérdida de pundonor masculino. A Preston le importa cómo actúa Jules en la sala frente a sus amigos; cuando la puerta de la recámara se cierra, la inversión de roles es capaz de quebrar al hombre y liberar su ternura.
6. Son una pareja interracial. Si bien esto parece un arquetipo moderno de lo políticamente correcto, a su vez que es un estereotipo de las minorías, en Femme, el perfil de los actores es relevante, pero en función del estándar de belleza que retratan. Ambos son parias, Preston es white trash. La cuestión no es que expongan (o no) una mala o buena imagen de las personas queer. Lo valioso de la película, más allá de cómo lucen los personajes, es lo que hacen en sus propios términos: ambos se desbaratan y se ensucian, se desean y se odian. No son cliché sino paradoja.
7. El desenlace es impredecible; aunque anunciado como en todo buen thriller, el clímax es un espectáculo de barbarie emocional que aun tiene cabida para el amor y la sorpresa.
PLUS: Ya sabemos que en el sexo nunca se trata solamente de sexo. Lo poderoso y refrescante de la película yace en poner como medio de ayuda una fantasía fetichista de la sumisión. Jules utiliza el porno como recurso para hacer justicia. Femme es una película Lado B que debe ser apreciada en el mainstream.∎
Imagen destacada: Fotograma de «Femme».
