«Flores y Ruina» de VV.AA. (edición a cargo de Luis Bravo)

Todos los amores se parecen unos a otros, cada desamor lo es a su manera. Y no es que la alargada sombra de los Oblonski intente abrirse paso por las cicatrices de esta antología de relatos perfecta para leer uno de esos domingos de mediados del verano, cuando todos se sientan y comentan que bebieron demasiado (sí, Mr. Cheever; contigo —casi— comenzó todo. Todo: revalorizar el cuento y canalizar hacia las historias cortas la atención crítica y mediática que merecen). Es que los requiebros léxicos de Tolstói nos enseñaron, hace 151 años ya, que la congoja sentimental es mucho más inspiradora y creativa que la felicidad. Siguiendo ese rastro encarnado, «Flores y Ruina. Antología de relatos sobre el desamor» (Dos Bigotes, 2024) reúne quince relatos de quince narradoras y narradores que brotan a partir de dos premisas indicadas por el editor de esta compilación, el poeta y escritor Luis Bravo (Madrid, 1994). Que giraran en torno al desamor y que estuviesen inspirados o amerados, cada uno de ellos, por una flor distinta. Flor que el propio editor se encargó de asignar. El resultado es un buqué que desprende el aroma de estar ante el ramillete de autoras y autores LGTBIQ+ (de aquí) más prometedores e interesantes del momento (no es la primera vez que la editorial bigotuda lo consigue, en 2019 publicó «Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer» que incluía historias cortas de Alana S. Portero, Sara Torres, Ángelo Nestore o Pablo Herrán de Viu) y del que emanan apuntes olfativos que ahondan, en ocasiones con una gracia infinita, en la dilatada relación entre flores y literatura.

Así, a vuelapluma y por no desviarnos del territorio del relato, podemos pensar en cómo las flores devienen linderos del tiempo en ese apabullante cuento de César Niño Rey, incluido en su libro «Iluminaciones» (Pie de página, 2023), que juega a perfilar una cosmología del amor (¿imposible?) y que tan acertadamente se titula «Cosmos». O rememorar «Otro Otto, un Otto Mejor», esa cumbre de la gran cuentista Deborah Eisenberg (traducida por Federico Falco: otro enorme autor cautivado por las flores; basta con echar un vistazo a su Instagram para darnos cuenta) —historia corta perteneciente a «Relatos» (Chai Editora, 2023)— donde uno de los miembros de una pareja gay (el más mayor) es absorbido por las convenciones familiares que desfilan a su alrededor y en el que las flores que «pueden fácilmente representar un gran rango de cualidades» ofrecen «una continua ceremonia de principios y finales». Imposible encontrar imágenes tan ilustrativas para remitir a la antología que nos ocupa. Las quince flores de «Flores y ruina» son preámbulos y remates, umbrales y conclusiones en los trayectos sentimentales propios o ajenos. Fronteras de tiempo que zigzaguean entre un stent cardíaco y el siguiente.

La colección floral de relatos comienza con «Gárgaras en la espalda» de Julen Azcona (Estella-Lizarra, 1995). El autor de «La última sauna del mundo» (Dos Bigotes, 2023) nos introduce en «un jardín secreto en la noche italiana» siguiendo el hilo mucilaginoso de un escritor que se pregunta a dentelladas «qué es el amor». Layla Martínez (Madrid, 1987) nos sumerge en «Los prodigiosos milagros del niño Jerónimo» en una hornacina de amarres sentidos que intentan retornar a amantes que se fueron. Alejandro Albán (Granada 1988) se mimetiza con los narcisos en «Tu reino» para engendrar una historia apuntalada con tallos psicológicos que alzan una reflexión sobre el deseo, el éxito y la ruptura. Luis Bravo demuestra en «Viento del Sur» por qué es uno de los jóvenes poetas a seguir ineludiblemente, vertiendo toda su pulsión lírica en los recodos de una cita —con película incluida— cuya prosa retuerce el tópico del olor a tierra mojada (tan propio de las mimosas) y acaba abocándote al desamparo. Alba Carballal (Lugo, 1992) masajea las causalidades y las casualidades mientras nos da un abrazo largo «que cuando lo necesitas reconforta mucho más que un polvo corto» en su relato «Contractura». La «Carta enredada para una gardenia que escupe flores» de Flor M. Yustas (Madrid, 1989) es el cruce pulpiano imposible, como el amor de sus dos mujeres protagonistas, de «Do you remember the first time?», «Common People» y «This little soul». Álvaro Llamas (Jerez de la Frontera, 1976) sigue meritando la espera de su segunda novela, tras la magnífica «Esos días a finales de aquel año» (*niños gratis, 2022), regalándonos un «Tríptico ajazminado (y algo azaharoso)» capaz de dibujarnos una «sonrisa penumbrosamente caravaggiesca» en tres actos sublimes en los que cada página parece la superficie corrugada de una pared enlucida gracias a la urdimbre de las palabras que baraja.

La segunda mitad de «Flores y ruina» contiene el relato de Vanina Bruc «En ti. En mí (pero Cristalina lloraba)» en el que lágrimas y soledad entonan una canción por donde se cuelan los clicks and cuts del corazón. Le sigue el «Ocaso» de Aida González Rossi (Tenerife, 1995) donde la escritora canaria retoma la fiesta del lenguaje que orquestó en «Leche condensada» (Caballo de Troya, 2023) y pinta de rojo clavel las pantalla finales que tenemos que superar para acceder al monstruo jediondo que se esconde detrás de lo bello: «Voy a demostrarles que soy lo que odian sin que se me note que quiero, y además desesperadamente, que lo sepan cada día más». A continuación puedes trepar con la «Buganvilla» de Ignacio Vleming (Madrid, 1981) para toparte con un cuento de dueños y perros, rutinas y hábitos que constatan que «las fantasías son siempre más satisfactorias que la realidad, por desgracia». El serpenteo literario prosigue con un intento de «Salvar lo nuestro» del escritor Juan Gallego Benot (Sevilla, 1997) en el que con un caleidoscopio chic y amoureux avistamos la decisión insalvable de entonar un «hasta aquí», «la decisión que se toma cuando ya no hay nada que hacer». Con aroma de copla posmoderna enraizada en un delicioso sustrato orgánico arrabalero irrumpe «La lirio» de Dimas Prychyslyy (Ucrania, 1992): juego de equívocos que haría las delicias de Rafael de León. Mara Mahía (A Coruña, 1968) nos obliga a caer rendidos a los canastillos de plata en «Capítulo 1. El cuento de la lectora», un homenaje entre póstumo e íntimo al acto de leer, al ejercicio de la oralidad como muestra de un amor prohibido. Bruno Ruiz-Nicoli (Madrid, 1971) es el encargado de que el rencor no nos dirija «irremediablemente a la ruina de la dignidad» en una relación que apunta a triángulo pero que se niega a entonar el «Mi, denota posesión» y que queda magníficamente retratada en «En reivindicación de la baronesa Schroeder». El pasacalle floral termina con una bomba nuclear: «Un pensamiento salvaje» de Lola Tórtola (Murcia, 1997); descenso comatoso a los cortes del amor de una profesional del escalpelo que cose heridas todos los días en el hospital y no encuentra explicación al «delirio de mi pecho». Un final magnífico para una antología florida.

FLORES Y RUINA de VV.AA con edición de Luis Bravo. Año de publicación: 2024. Editorial Dos Bigotes. 344 páginas. ISBN: 978-84-127657-6-2

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