7 razones

«Sebastian»: una dramática fantasía marica

Siempre hay algo de bohemio y de burgués en la fantasía gay. Una especie de muletilla artística en los realizadores ha sido el escribir o hacer películas sobre artistas desafiantes de la norma, a la par que gozan de cierto estilo de vida, más o menos, acomodada. Esto no es propio del colectivo; varios cineastas heterosexuales hacen películas sobre cineastas heterosexuales, donde la pasión por su oficio tiene una estrecha relación con la pasión sexual. Pero «Sebastian» (2024) del director Mikko Mäkelä, no es una película sobre cine, sino, específicamente, sobre la creación literaria.

La premisa pareciera la de un fanfic gay oscuro: Max Williamson, un joven estudiante de literatura, se prostituye en secreto. No es la necesidad financiera lo que lo mueve; la experiencia de estar con hombres a cambio de dinero parece funcionarle como una inspiración poderosa para desarrollar su proyecto de novela. El seudónimo que usa Max (interpretado por Ruaridh Mollica) para trabajar es Sebastian, igual que el personaje del libro que escribe.

Estas son las 7 razones de por qué «Sebastian» es una película que todo artista homosexual debería de ver:

1. Estamos ante una historia sobre cómo se construye una historia. Un drama erótico. Si bien hay una lucha interna de aceptación en el personaje, no es lo que importa. La necedad creativa y la obsesión artística son las pulsiones que guían sus acciones.

2. No es un subgénero propio del cine LGBT. Directores como Roman Polanski y Woody Allen lo han hecho en filmes como «Basado en hechos reales» y «Medianoche en París». Es interesante ver como la misma premisa es tratada ahora bajo la óptica abiertamente marica.

3. La historia permite sacar a colación varios tópicos de la narrativa gay: la prostitución, las relaciones intergeneracionales, la ambición, la belleza, la juventud, pero de igual forma pone en conflicto la soledad, el amor y la camaradería.

4. La película trata con naturalidad uno de los temas recurrentes en la vida homosexual que pocas veces se habla dentro del cine, al menos de formas no estigmatizantes: el trabajo sexual, tanto para el que lo realiza como para el que lo adquiere. ¿Qué más da saciar apetitos si se paga por ello? Curiosamente los gays entienden mejor el capitalismo del cuerpo fuera del prejuicio. La relación laboral con el sexo es parte de la investigación de Max en su novela, ahora inmiscuida en el terreno digital. Aunque la película no profundiza en esta búsqueda, sigue siendo relevante el hecho de que la coloque como parte medular de la historia. Algo similar sucedió con el filme de Sean Baker «Anora» (2024) al retratar el trabajo sexual practicado por mujeres.

5. El erotismo en «Sebastian» no es exhibicionista, compromete. La seducción no solamente está en el plano visual, sino en la forma de concebir intimidad y crear vínculos (aunque efímeros) entre los personajes. Sebastian penetra y se deja penetrar por otros. Pareciera que él es el claro objeto del deseo de los hombres mayores, pero al mismo tiempo, Max, el escritor, tiene un fetiche por los encuentros sexuales con esos mismo hombres para nutrir su libro. Entonces, ¿quién usa a quién?

6. El contraste entre la determinación viril del trabajador sexual con la tímida ambición académica del estudiante de literatura convierten a Max/Sebastian en un personaje mucho más vulnerable y atormentado. A la par que se ejercita para llamar la atención de los hombres que lo contratan, padece el rechazado de los chicos de su edad por no ser lo suficientemente masculino. Incluso a sabiendas de cómo lucir atractivo para algunos, el personaje se siente acomplejado de no llamar la atención de sus similares.

7. No es una película sobre la identidad. La homosexualidad es la retórica. «Sebastian» es una película sobre la escritura y los mecanismos del arte para suceder. Como bien sabemos, la inspiración puede venir de los lugares más retorcidos de la imaginación marica.

PLUS: La película cruza las fronteras de la realidad cuando Max tiene que preparar una serie de preguntas para entrevistar a Bret Easton Ellis; el escritor estadounidense del mundo real, famoso por sus historias de autoficción que involucran sexo y obsesión.∎

Imagen destacada: Fotograma de «Sebastian».

¿Tienes algún comentario?

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Artículos Relacionados

«300 cartas»: cine LGBTI Latinoamericano

El cine de Lucas Santa Ana se ha caracterizado por una búsqueda permanente de historias propias del colectivo LGBTI, más allá de las narrativas repetidas que suelen predominar la temática.

«Los amantes astronautas»: sexy, divertida y latina

La narrativa gay en general, pero con mayor hincapié en la cinematográfica, se agota pronto, cuando las tramas de salidas del clóset, primer romance, y vida secreta plagan las películas. No sólo las premisas se vuelven repetitivas, también los tonos, o eso que llamamos subgéneros en el cine.

Mi primera rave sado

Afuera queda todo mundo conocido. Esa suavidad de la rutina: de las cosas que vemos a diario y que nos reconocen como parte de un universo propio, palpable...

«Tesis sobre una domesticación»: retorcer la mirada al cine

Andy Warhol decía que “el sexo es más excitante en pantalla y entre las páginas, que entre las sábanas”. La imagen es poderosa, nos atraviesa, compromete, puede violar nuestra mirada que, según algunos eclesiásticos y artistas, es el conducto verdadero del alma...