Julián Hernández es uno de los realizadores mexicanos que conservan la iniciativa (o la necedad) de seguir produciendo cine de autor. Sus películas poseen un enorme sustrato literario y obedecen a inquietudes tan experimentales como clásicas. La mayoría de sus películas estrenadas durante la última década son ubicables en cuanto a las constantes presentadas: historias de relaciones gay en tramas variopintas, estelarizada por un elenco racializado que habita un mundo hiperrealista y adulterado.
La estética visual de Julián Hernández se caracteriza por la presencia de colores terracota y los tonos propios de la ciudad, contrastados con prendas amarillas y la fuerza de un color carmesí, ya sea en los labios o en la piel desnuda de los protagonistas. En ese tenor su película más reciente, que ronda en los festivales, es «Los demonios del amanecer»(2024), una epopeya urbana de romance juvenil al mejor estilo de la literatura homosexual melancólica.
Aquí van las 7 razones de amor azotado para ver en la película de Julián Hernández.
1. Hay que suprimir la trillada frase “una historia de amor como cualquier otra” porque «Los demonios del amanecer» no es una historia de amor parecida a las demás. Se trata del viaje pasional de dos chicos en la Ciudad de México: Orlando (Luis Vegas) y Marco (Axel Shuarma). Un romance entre hombres donde el clóset o los prejuicios de la sociedad no son el impedimento para estar juntos, sino el de por sí avasallador proceso de enloquecer por alguien.
2. El 90% del reparto está compuesto por un elenco de actores y actrices no blancos. Esto de entrada es importante ya que en gran parte de las producciones mexicanas, los actores no blancos representan un porcentaje menor. Además, los personajes que suelen interpretar actores racializados permanecen en el mismo tipo reducido de “personajes morenos”. En las películas de Julián Hernández, los ideales de belleza cambian y el centro es color marrón.
3. La trama de la película es un idilio lleno de contrastes. Una historia de juventudes citadinas fusionada con amores de fantasía, cursis en esencia, pero azotados por las complicaciones del mundo real. Enamorarse bajo el cielo de la Ciudad de México es un camino tan esperanzador como tortuoso.
4. La danza y sus vertientes forman parte importante del relato. No solamente se trata de la actividad que desempeña Orlando (como estudiante de acondicionamiento físico y bailarín exótico) también representa un elemento narrativo destacado: el ojo de la cámara se permite seducir por los movimientos del personaje. Julián Hernández suplanta la descripción detallada de los chicos, por tomas largas de ellos bailando o embistiéndose que invitan a la contemplación.
5. Si bien los protagonistas son presas de un flechazo de Cupido, el tópico del amor a primera vista no se desgasta. Las interacciones siguen la línea verosímil de una historia de encuentros. Son dos chicos pretendiendo tener una relación “real”, a la par que son víctimas de sus acciones inmaduras. Marco y Orlando son jóvenes, divertidos, volátiles, pelean solamente porque dejaron de hablarse un rato, todo el tiempo quieren estar desnudos el uno junto al otro, incluso durmiendo en la casa de sus padres. «Los demonios del amanecer» va más sobre el frenesí del enamoramiento que sobre las profundidades del amor.
6. No hay un enemigo concreto. El antagonista de este romance es el desgaste mismo de una relación que inicia demasiado pronto. Orlando y Marco descubren que no es que el amor caduque al amanecer, sino que para convertir el episodio romántico de una noche en un estilo de vida deben hacer algo más que sólo quererse y acostarse; lidiar con las decisiones y sus pensamientos es el verdadero demonio.
7. La película ofrece una propuesta de cine nacional de tema gay ajeno a las narrativas convencionales del mainstream. Julián Hernández sabe que el tópico del amor enclosetado y prohibido se ha gastado, es momento de que la vorágine de enamorarse a plena luz del día sea tocada con todas sus fibras emocionales, eróticas y melancólicas, en otra gama de colores y música; aun si con ello confirmamos que el amor gay no es tan diferente ni excepcional ni menos problemático que el romance heterosexual.
PLUS: uno de los momentos más osados de la película sucede en un disrupción musical, con lipsync incluido. Se trata de una escena tan melodramática como surrealista, cuya justificación cinematográfica radica, precisamente, en las tonterías que uno hace en nombre del amor.∎
Imagen destacada: Fotograma de «Los demonios del amanecer».
